27 agosto 2010

Sindromes psiquiátricos en el MET.

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Dentro de los artículos dedicados a cuestiones “estratégicas” merecía especial mención, por su interés en la intervención, el fenómeno cada vez más frecuente, de la manifestación de conductas y actitudes en los internos drogodependientes que pueden considerarse como psicóticas en atención a los criterios diagnósticos al uso (DSM) y, en general, comportamientos que forman parte de cuadros de carácter psiquiátrico, definidos en los manuales diagnósticos. Una ocurrencia resulta más común en consumidores de drogas estimulantes como la cocaína y las “drogas de diseño” y en politoxicómanos o heroinómanos de largo historial que comienzan tardíamente el consumo de éstas.
Bien es cierto que este fenómeno, a saber, los problemas psiquiátricos en prisión, es de un interés creciente, no sólo en lo que a un concreto “programa específico de tratamiento”, si entendemos el MET como tal, se refiere, sino en general. Baste referirse a la circular de Clasificación 9/07 de la SGIIPP que pone énfasis en tener en cuenta esta problemática, en especial, en el caso de las regresiones a primer grado. Parece que la prisionización creciente que se produce por la masificación y por el hecho de haber optado por un modelo arquitectónico y funcional de prisión despersonalizador (lo que llamamos prisión tipo) tiene alguna relación con la presentación y/o el agravamiento de estos síndromes por lo que hay que motivar lo más posible las decisiones clasificatorias que puedan amplificar los efectos patógenos de una cárcel ya de por si deshumanizada y incapaz de ofrecer una verdadera individualización tratamental por escasez de medios humanos y materiales, que no por escasez de buenos profesionales.
Las conductas y actitudes a las que nos referimos son accesos violentos, aparentemente descontextualizados, conductas desafiantes, manía, depresión, delirios persecutorios, confusión e, incluso, aluciunaciones, etc.
Decimos que tal fenómeno es de especial interés estratégico en tanto que debe considerarse, según el caso, la pertinencia de un tratamiento, de un programa, como el MET, de gran intensidad y exigencia en sujetos con dificultades para comprender sus fines.
Podemos encontrarnos en principio tres posibilidades:
1. Ocurrencia de conductas diagnosticables dentro de un síndrome psiquiátrico, como consecuencia de una intoxicación prolongada de drogas, por lo general estimulantes, que induce un estado psicótico. Incluso cabría plantearse la hipótesis de que ese “brote” se manifieste, no sólo por esa intoxicación, sino por la propia reclusión y sus consecuencias, en especial en personalidades inmaduras. En este caso se produce, por lo común, una mejoría con la abstinencia y la “humanización” ambiental, si bien suele precisar de un prolongado periodo de tiempo en el que las exigencias del programa tienen que adaptarse al caso. La ocurrencia de episodios de confusión y accesos violentos o de brotes maniacos o depresivos, debidos a la propia intoxicación y/o reclusión, suelen resultar especialmente difíciles de “gestionar” en una comunidad tan particular como la de los que conviven en una cárcel.
2. Ocurrencia de conductas diagnosticables dentro de un síndrome psiquiátrico por la existencia de una psicosis previa enmascarada por la drogodependencia. En este caso obviamente la abstinencia no mejora el cuadro y a veces al contrario empeora los síntomas. El programa MET es insuficiente e incluso contraproducente ante la necesidad de una intervención psicoterapéutica y psiquiátrica diferente.
3. Ocurrencia de conductas diagnosticables como un síndrome psiquiátrico por la existencia de un deterioro físico (neurológico) subyacente. En este caso es aplicable lo expuesto en el punto anterior precisando el interno otro tipo de intervención (programas de rehabilitación psiquiátrica...).
 

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